Una polémica con el PO sobre nuestra propuesta de impulsar un gran Partido de Trabajadores

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El Partido Obrero publicó, en solo dos días, dos notas contra la política del PTS de impulsar en sindicatos, organizaciones de trabajadores desocupados e informales, -empezando por las independientes del gobierno y de los partidos patronales- la discusión de la necesidad de formar un Partido de Trabajadores, para que la clase obrera pese en la vida polìtica nacional. Este, como explicamos en la nota de Fredy Lizarrague donde planteamos la propuesta, ese partido debería tener a nuestro entender un programa para que la crisis la paguen los capitalistas, lo que incluye la lucha por un gobierno de trabajadores.

El PO empieza mal desde el título de su nota. En la primera habla acerca de “El PTS y su llamado a un partido de trabajadores con la burocracia sindical”. Luego, en el otro artículo, insiste: “El PT del PTS, un partido de conciliación de clases”. Pero, como se comprueba simplemente leyendo, un subtítulo del artículo de Fredy Lizarrague dice “¿Cómo dar pasos hacia superar al peronismo y a las burocracias enquistadas en nuestras organizaciones (sindicales, sociales, estudiantiles)?”. Luego agrega: “Señalar la posibilidad de un Partido de Trabajadores para abrir un debate amplio con toda organización y el activismo que se considere independiente de los partidos patronales”.

En fin…. está claro que con la dirigencia del peronismo y la burocracia, no. Conciliación de clases, no. En su polémica, el PO recuerda que años atrás, en el 2012, planteamos “partido de trabajadores sin patrones”. Pero se olvida señalar que la campaña incluyó la consigna “Y sindicatos sin burócratas”.

En el segundo artículo, además, el PO dice que nuestra propuesta de discutir la necesidad de impulsar un Partido de la clase trabajadora “en ningún lugar plantea ni el gobierno obrero ni mucho menos la lucha por el socialismo”.

Pero, otra vez, la nota con la que “debaten” dice textualmente: “Este programa debería incluir una estrategia para llevarlo a la práctica: un plan de lucha que culmine en la huelga general política. Además, debe ser discutido democráticamente, permitiendo la libre expresión de tendencias en su interior, y apuntar a que gobiernen los trabajadores”.

Nuestro debate podría terminar aquí. Pero esta polémica puede servir para aportar más argumentos al debate.

¿Qué esconde la “polémica” del Partido Obrero?

¿Por qué “polemizar” falseando argumentos de forma tan burda? Quizá porque pese a todo lo que le sucedió como organización política en los últimos años (pérdida de militancia e influencia) el PO no tiene la menor voluntad de pensar ni los motivos ni las vías para superar esa situación, que evidentemente no asumen.

Si el PTS, con el nivel de desarrollo -sobre todo en cuanto a influencia política- tiene la obligación de pensar las maneras para hacer la emergencia de un gran partido revolucionario lo menos evolutiva posible (y de ahí iniciativas como la de Partido de Trabajadores), el PO debería pensar en “algo” que no sea “permanecer y transcurrir”. No lo va llevar a ningún lado limitarse a utilizar el peso de los principales referentes del FITU (centralmente del PTS) para tener alguna presencia parlamentaria. O ocultar su falta de militancia con el impulso de una colateral de compañeros y compañeras desocupados. O conquistar algunos secretarios generales de gremios, sin una militancia fuerte en los lugares de trabajo, que sea acorde a esos cargos. tampoco, en el terreno internacional, hacer eventos de ocasión.

Mejor sería asumir la situación y pensar cómo revertirla.

Hay crisis del régimen y del peronismo

Nosotros partimos de una realidad. Estamos frente a la crisis más grande desde que asumió Milei, que, por otra parte, ya era expresión de una crisis más general, política, económica y social. Las fuerzas políticas burguesas están en crisis, la economía no encuentra un rumbo, se comienza a discutir cuán agotado está el plan del Gobierno y si hay alternativas al esquema actual. El escándalo de las coimas no hizo más que acrecentar esa situación. Pero nada de lo que discuta la burguesía como salida a esta crisis puede ser favorable para las mayorías populares.

Desde el PTS, luego de hacer un raconto de fuerzas en todos los niveles (incluyendo la existencia del FITU), consideramos que esto no es suficiente para mostrar un camino hacia la construcción de una fuerza política que esté a la altura de la crisis nacional y de los enemigos que enfrentamos. Esa crisis incluye, también, la crisis del peronismo. Existe una gran desilusión de grandes sectores de masas con el partido que históricamente contuvo a la clase obrera. Y aunque aún no hay una ruptura orgánica, sí existe una simpatía política en sectores más o menos amplios hacia la izquierda.

En definitiva la crisis marcha a un ritmo mucho más rápido que la conformación de una fuerza política de la clase trabajadora, capaz de ayudar a millones de explotados y oprimidos a estar a la altura de la situación.

¿Qué hacer frente a el agravamiento de la crisis?

Aunque la afiliación es más reducida y los acuerdos paritarios involucran a gran parte de los asalariados formales, los sindicatos siguen organizando hoy a una gran parte de la clase trabajadora con empleo formal. Otro sector está en la informalidad. Pero los sindicatos son organizaciones de masas, muy fuertes aún a pesar del desprestigio de sus dirigentes. En el sector informal tienen peso minoritario (debilitado por la ofensiva del gobierno) los llamados movimientos y organizaciones sociales, ligados a la administración de la asistencia estatal, pero que han tenido distintos momentos de lucha, en particular las que se reivindican piqueteras y más independientes del peronismo.

La clase obrera conserva un poder social abrumador pese a la fragmentación y división. Pero esa enorme fuerza social no pesa en la vida política nacional. En los lugares de trabajo peleamos de manera cotidiana contra los ataques patronales. Buscamos renovar las organizaciones de base, fomentar la democracia de base, enfrentar a la burocracia que entrega conquistas e intentar sacarla de los sindicatos También fomentamos la coordinación lo más efectiva posible en cada conflicto, con otros sectores tanto sindicales, como de organizaciones sociales, estudiantes, de jubilados,ambientales, etc.

Sin embargo, somos conscientes que -como explicaba Trotsky-, los sindicatos hoy no pueden ser “políticamente neutrales. Es decir, no se pueden limitar a servir las necesidades cotidianas de la clase obrera… es decir, no pueden seguir ignorando la influencia decisiva del Estado en la vida de los pueblos y las clases…»

Esta definición mantiene completa vigencia y se actualiza a medida que la crisis capitalista avanza.Y nada indica que vaya a detenerse.

En ese sentido, si “la independencia total e incondicional de los sindicatos” ya es cosa del pasado, solo se los puede considerar independientes del Estado y de la influencia de la burguesía en cuanto luchen contra ella. Porque, como también explicaba el dirigente revolucionario ruso, “la independencia de la influencia de la burguesía no puede ser un estado pasivo. Solamente se expresa mediante actos políticos, o sea mediante la lucha contra la burguesía” (Comunismo y sindicalismo).

Por esto queremos abrir esta discusión en toda la base, el activismo y los dirigentes honestos de la clase trabajadora, acerca de si sus organizaciones pueden ser una herramienta, un punto de apoyo, para la construcción de un partido de la clase trabajadora, que agrupe a una franja considerable de la clase obrera, ya sea formal, precaria, desocupada y de su juventud. Esta perspectiva incluye la lucha abierta por recuperar los sindicatos en manos de la burocracia, que no solo deja pasar ataques salariales o despidos, sino que apoya al peronismo, partido que tiene como política dejar que Milei haga su trabajo (un ajuste feroz) y luego buscar un recambio por vía electoral, donde lo que se pierda ahora no se recupera más. Un Partido de Trabajadores como el que estamos proponiendo debería servir para impulsar la lucha abierta contra el Gobierno y el régimen, teniendo como norte la huelga general y un programa para que la crisis la paguen los grandes empresarios.

No estamos hablando solo de lograr sólo el (necesario) crecimiento de las organizaciones actuales o de aumentar la influencia político electoral sobre una franja de los y las trabajadoras que vienen centralmente del peronismo. Sino de buscar las formas para que al menos un sector amplio de la clase trabajadora lo supere como experiencia histórica, se organice políticamente y tenga influencia de masas sobre muchos y muchas más.

¿Esto podrá llevar una discusión a la base de sindicatos, empresas, facultades, hospitales, organizaciones de desocupados entusiasmar a estudiantes, al militantes del movimiento ambientalista, de mujeres, jubilados y a la intelectualidad socialista y dar pasos en construir esa herramienta política? Se verá. Solo la lucha y el desarrollo de la realidad lo dirán. La rutina, en cambio, ya tiene un final asegurado. Nosotros ya vimos la experiencia de los 80, cuando el “viejo MAS” se limitaba a decir “venga al MAS” como si fuese tan fácil, de esta forma, superar al peronismo. Altamira dijo una vez (cuando todavía estaban en el mismo partido el PO-POT) que en un Congreso iba a “unir al movimiento obrero y la izquierda”. Pero la cosa no anduvo en ninguno de los dos casos.

Las organizaciones que nos reivindicamos obreras y socialistas actuales -de la cual el PTS es la más importante (ni hablar internacionalmente)-, tenemos la obligación de pensar iniciativas para dar saltos en la construcción de un gran partido de la clase trabajadora. Todo lo demás es rutinarismo, falta de ambición, no creer en la posibilidad de tener una herramienta política con influencia de masas, que cambie el destino del país e influya internacionalmente. “Olvidarse” en los hechos del motivo por el que luchamos, nada menos. Mirar la crisis del peronismo y esperar en la Montaña, la llegada de Mahoma.

Para nosotros abrir este debate acerca de la necesidad de un partido propio de la clase trabajadora, discutiendo qué programa debe tener, es una forma de acompañar sin ultimatums una experiencia en el terreno político que empiezan a hacer millones. Esto es parte de la estrategia de formar un partido revolucionario obrero e internacionalista. La concepción de que es posible avanzar a partir de la experiencia incluye el terreno de la organización política.

De esta forma tratamos de seguir los consejos de Trotsky y buscar vías, distintas según la situación, para superar esta brecha entre lo que es la izquierda revolucionaria hoy y lo que la realidad exige, de la manera menos gradual posible, sabiendo que esto estará ligado al desarrollo y la participación en la lucha de clases.

En ese camino, hemos planteado otras políticas, según el momento, incluyendo la posibilidad de un Partido Unificado, especialmente con el Partido Obrero, cuestión que nunca fue tomada ni para abrir una discusión seria de diferencias y acuerdos. Acuerdos que hubieran sido factibles en el programa, pero mucho más complejos no en la práctica, donde la relación con el Estado hubiera sido un importante debate. (1)

Obviamente hay otras vías posibles para construir un partido revolucionario, que en cada momento hay que explorar. Una gran confluencia de sindicatos e internas, delegados y agrupaciones que formen verdaderas coordinadoras que sean la base de un crecimiento exponencial de la influencia de las organizaciones actuales podría ser otra. Esta perspectiva, por otro lado, la formación de verdaderas coordinadoras, organismos de autoorganización, donde haya una gran participación de los sectores más amplios es parte de nuestra política permanente y sistemática.

El PO contrapone a nuestro planteo de impulsar la discusión de un PT, el progresivo Encuentro del 16 de agosto pasado. La confusión no puede ser mayor. Dice que el programa votado allí “no sólo es el camino para llevar al triunfo a todas las luchas, sino además para generar las condiciones que permitan a la clase trabajadora poner en pie un gran partido obrero revolucionario para que lleguen al poder los que nunca gobernaron: los trabajadores”.

Para ser francos, “las luchas” en curso tuvieron que pelear para no ser meros espectadores durante el encuentro. Pero un programa en sí no resuelve la forma de poner en pie ese partido. Nosotros llevamos esta discusión política acerca de un PT y el PO la rechazó con argumentos sindicalistas. Pero agitar el Fuera Milei y la Huelga General sin plantear cómo se forma un verdadero partido con influencia de masas, no parece una buena política. ¿Quién dará la “salida política” a esta situación o, más aún, si el gobierno no pudiera sostenerse? ¿El PO? ¿El programa, como un alma sin el cuerpo suficiente para pelear por él? ¿Los sindicatos con programa, pero sin proponerse pasar al terreno político?

¿Clasismo sin partido ni herramientas políticas de los trabajadores?

Volviendo a la posición el PO. Supuestamente la base de su orientación está en conquistar sindicatos “clasistas” que tienen la particularidad que no discuten si pueden ser un instrumento para que la clase obrera tenga su propio partido. El caso del Sutna no puede ser más elocuente. «Olvidemos» por un rato la actuación frente a la lucha de clases allí, los cientos de despidos sin casi respuesta, los arreglos “voluntarios” dejados pasar. La Negra es una agrupación (la única de la que participa el PO en el Neumático) con referentes o compañeros que se reivindican peronistas. Estuvieron juntos 8 años juntos. Unos se fueron hace un año, otros hace un mes. Los peronistas dejaron correr “el clasismo” hasta que la forma de conducción del PO y el pre acuerdo por el cambio de sistema llevó a un fuerte descontento y a la implosión de la Negra.

Es cierto que no siempre está planteada la política de impulsar y discutir la necesidad de un Partido de Trabajadores. Pero el SUTNA jamás llevó adelante iniciativa alguna que tienda a mostrar que los trabajadores también pueden construir sus propias herramientas políticas. Quizá este debate hubiera permitido distinguir con tiempo -dentro del sector peronista- a los sectores más abiertos a avanzar hacia posiciones realmente clasistas, separándose de los oportunistas.

Esa fue nuestra perspectiva. Así lo hicimos cuando fue el momento más alto de la experiencia de Zanón, impulsando el periódico Nuestra Lucha con trabajadores y periodistas que se definían “por una herramienta política de los trabajadores”, ayudando al impulso de agrupaciones clasistas. También con el impulso de los “candidatos ceramistas” en la lista del Frente de Izquierda, tan temprano como 2011, buscando destacar sectores de la clase obrera haciendo política propia. Estos pasos “abren” la imaginación de que los “sindicalistas” no están solo para pelear por salario y condiciones de trabajo y luego “el partido” es el que “hace la política”. Sino que los sectores avanzados pueden construir su propio partido en común con la izquierda revolucionaria.

Echar a la burocracia de los sindicatos

El PO pone el grito en el cielo porque queremos que en los sindicatos se discuta si pueden ser un instrumento para la formación de un partido propio. Falsea que es una propuesta “para la burocracia”, cuando en realidad es una política que incluye la lucha por expulsarla de las organizaciones obreras, para que estas puedan cumplir este papel. Plantear esta necesidad puede generar entusiasmo en los activistas honestos y ser un arma más para la pelea por echar a la burocracia.

Pero, además, esta discusión debería empezar por los sindicatos recuperados, como el propio SUTNA, Ademys, UEPC Capital. ATEN Capital, ATEN Plottier y el conjunto de la oposición provincial, Suteba Tigre y Bahía Blanca, cooperativas como Madygraf, los trabajadores combativos de Secco, el activismo y la Interna de Georgalos, el CEDEMS y a lxs compañerxs del Hormiguero, que ganaron las elecciones de Adep y siguen peleando contra el fraude; en la Coordinación Nacional de la oposición Docente, además de decenas o cientos de delegados/as y todos los que se acerquen a los sectores independientes antiburocráticas. Esto sabiendo que los sindicatos en general no podrán ser “neutrales” y apolíticos, más aún frente a esta situación, tratando que que toda «nueva dirección» que surja avance hacia el clasismo ya que, sino, inevitablemente, retrocederá o será impotente frente al ataque del capital que es permanente.

En el caso de los Aceiteros se trata de un sindicato que es solidario con otras luchas (pararon por lxs docentes estatales detenidos), reivindican las asambleas como método, combatieron las tercerizaciones y defienden la huelga como método de lucha. Y han hecho acciones de clase progresivas, como el paro cuando Pullaro llevó detenidos a estatales y docentes y acciones más políticas como el paro en sus plantas contra la Ley Bases . Al mismo tiempo plantean la “independencia de los partidos” en general aunque, creemos, sin distinguir partidos de clase de partidos patronales.

De allí la posibilidad de abrir un diálogo sobre la necesidad de un partido propio de la clase trabajadora, con un programa obrero independiente ya que consideramos que los sindicatos no pueden prescindir de la lucha política.

Frente Único

Aunque parezca elemental, al PO le parece mal que se haga la exigencia de que apoyen cada lucha en curso a un sector de los dirigentes sindicales como los que conforman el “Frente de Lucha por la Soberanía, el Trabajo Digno y los Salarios”. Allí hay sectores de la burocracia de la CGT y las CTA, que se ubican de forma crítica al colaboracionismo del conjunto de la CGT. Si surge un sector que se moviliza -a diferencia de los llamados “Gordos”, que negocian la reforma laboral a puertas cerradas-, le exigimos que lo haga de manera seria y no como un desfile. Se trata de una política de Frente Único, una exigencia que, si diera frutos, sería útil para las peleas que dan todos los sectores.

Salvo en la cabeza del PO, a nadie se le ocurrió plantearle a ese frente de conjunto que impulsen un PT.

El PT y el programa

El PO dice que nosotros hablamos del PT de Brasil y de los programas de Huerta Grande y La Falda. Y sí. El ejemplo sirve para mostrar que en determinados momentos existieron sindicatos que trataron de pesar en la vida política nacional. Que lo hayan hecho con un programa reformista y para actuar dentro del régimen -y por ello terminaron como agentes del capital- no debería llevar a tirar “el agua sucia con el niño adentro”. Al contrario, se trata de sacar conclusiones y determinar que un PT debe tener un programa de independencia de clases y una estrategia como ya planteamos.

Por otro lado en su momento, prácticamente toda la izquierda obrera y socialista (trotskista) participó en el PT de Brasil defendiendo sus propios programas, tácticas y estrategias.(2) Allí se ve que no hay necesidad de anteponer el impulso de un PT a la construcción de las organizaciones que actualmente nos reivindicamos revolucionarias. El mismo Trotsky planteó esto en la discusión con los dirigentes del SWP norteamercano, a fines de los 30. Ellos se oponían a la consigna de PT en EEUU. Trotsky les contestaba: “No pueden ver la idea de tácticas combinadas, de defender la idea de un partido obrero intentando, al mismo tiempo, construir un partido obrero revolucionario. No pueden ver esta táctica combinada. Es difícil enseñarles que no solo es posible, sino necesario en el período presente. Es difícil probarles que defender el partido obrero es defender el programa de transición. Para resumir la actitud de la oposición, esta presenta al partido obrero como un sustituto del SWP, como un abandono de nuestra independencia”.

Los ejemplos de Huerta Grande y La Falda muestran que los grandes sindicatos pueden tener programas políticos, aunque no sean el programa que los socialistas propondríamos pelear dentro de un PT.

El FITU es una conquista que ha marcado un recorrido durante más de una década, sosteniendo la independencia de clase desde su fundación. Se debería utilizar para abrir con fuerza estas discusiones en todas las organizaciones sindicales y sociales en las que estamos. Sus referentes podrían amplificar esta “idea” para que llegue a millones.

El FITU ha ganado respeto dentro de los sectores en lucha y los movimientos. Por lo que tiene una gran autoridad para llegar con esta propuesta a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras, activistas, delegados, mujeres y jóvenes. La influencia que han logrado Myriam Bregman y Nicolás del Caño, Alejandro Vilca, Christian Castillo y, a otro nivel Vanina Biasi, Romina de Plá o Gabriel Solano, nos brinda una gran tribuna para esta propuesta, junto a los sindicatos y comisiones internas recuperados y las agrupaciones clasistas. El FITU, mientras da pelea contra los candidatos patronales en estas elecciones, puede también utilizarlas para plantear esta necesidad.

Pero además, como revolucionarios que nos preparamos para distintos escenarios, la política del PT también es una herramienta para anticiparnos al eventual Frente Popular que puede surgir si se radicaliza la crisis. Porque, como hemos visto a lo largo de la historia, cuando los capitalistas temen perderlo todo aceptan, o incluso alientan, frentes políticos entre sectores de la propia burguesía y la clase trabajadora en ascenso. El objetivo es desviar ese ascenso y evitar que se radicalice la escisión política de la clase trabajadora y los explotados. Entonces levantar una política de PT es también adelantarnos a esa eventualidad y armar a toda la vanguardia y a los sectores influenciados por el Frente de Izquierda, para que tengan una política de independencia de clase mucho más ofensiva.

Esperamos que en la izquierda que se reclame revolucionaria aflore la ambición en vez de autoengañarse, conformarse o buscar atajos con nuevos centroizquierdistas que, como sabemos, no lleva a ningún lado. Y nos acompañe en esta tarea más que apasionante por pelear para poner en pie un gran partido de la clase trabajadora, con un programa que culmine en la lucha por un gobierno de los trabajadores.

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    Notas

    1 – Esto no es lo mismo que la iniciativa del MST de hacer una «partido unico del FITU», con libertad de tendencias cuando tenemos diferencias enormes por ejemplo enl hechos internacionales como la guerra de Ucrania. Aquí el MST no propone que haya libertad de tendencias en un gran partido basado en las organizaciones de masas de la clase obrera sino, uno que surja de la unidad de los actuales miembros del FITU.

    2 – Aunque en su mayoría se adaptaron a la dirección de Lula y su corriente sindical Articulación, cuando el PT de los orígenes no tenía un programa.

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