Brendon Grimshaw, un ex periodista británico, compró una isla desierta en Seychelles en 1962. Tras restaurar su ecosistema durante 40 años, declinó millonarias ofertas de compra, incluyendo una de un príncipe saudí, para asegurar su conservación como parque nacional.
En 1962, Brendon Grimshaw, un periodista británico de 37 años, adquirió Moyenne, una pequeña isla deshabitada en el archipiélago de Seychelles, por el equivalente actual a unos 273.000 dólares. La isla, de apenas 0,4 km de largo, llevaba décadas abandonada y su vegetación había crecido de forma descontrolada.
Grimshaw, junto a Rene Antoine Lafortune, hijo de un pescador local, emprendió un meticuloso proyecto de restauración ambiental durante cuatro décadas. Podaron maleza, abrieron senderos, controlaron plagas y reforestaron el territorio con más de 16.000 árboles autóctonos, cada uno seleccionado para mejorar el suelo, recuperar la humedad o proveer alimento.
Además de la flora, reintrodujeron cerca de 120 tortugas, incluidas las gigantes de Aldabra en estado vulnerable, y atrajeron más de 200 especies de aves. Este esfuerzo transformó a Moyenne en un santuario de biodiversidad.
El éxito de la restauración atrajo la atención de inversores internacionales, que realizaron cuantiosas ofertas por la isla. Grimshaw rechazó todas, incluida una de 50 millones de dólares realizada por un príncipe saudí, priorizando la conservación del ecosistema que había ayudado a crear.
En 2009, tras la muerte de su socio Lafortune, la isla fue declarada parque nacional. Hoy, Moyenne recibe un número limitado de turistas diarios, quienes pueden visitar sus playas, un pequeño restaurante y conocer las leyendas locales sobre piratas y tesoros escondidos.
