El parlamento iraní aprobó un proyecto para cobrar peajes a los buques que atraviesan el estratégico estrecho de Ormuz, medida que incluye la prohibición del paso para naves de EE.UU. e Israel. La decisión generó un inmediato rechazo de Washington, que advierte con opciones de respuesta.
El parlamento de Irán aprobó un proyecto para implementar el cobro de peajes a los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz, un paso marítimo crucial para el transporte global de petróleo. Según informaron medios estatales iraníes, la medida también incluye la prohibición del paso para embarcaciones de Estados Unidos e Israel.
La decisión se produce en un contexto de crecientes tensiones tras las advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre posibles acciones contra instalaciones energéticas iraníes si no se levanta el bloqueo en la zona.
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, declaró a la cadena Al Jazeera que «nadie en el mundo lo puede aceptar» y afirmó que el presidente Trump «tiene varias opciones a su disposición», aunque señaló que la diplomacia es la vía preferida. En declaraciones a otros medios, Rubio se refirió a las amenazas iraníes de «controlar el estrecho de Ormuz a perpetuidad» y crear un sistema de peajes.
Por su parte, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, instó a Irán a llegar a un acuerdo, afirmando que «Trump no fanfarronea». Advirtió que, de no mostrarse dispuesto Teherán, el Departamento de Guerra «proseguirá con una intensidad aún mayor».
Previamente, Trump había afirmado que Washington mantiene «serias conversaciones» con lo que describió como un nuevo régimen en Irán, al tiempo que amenazó con acciones destructivas contra infraestructura energética si no se alcanza un acuerdo «a la brevedad» y se reabre el estrecho.
Estos desarrollos podrían complicar los plazos de un eventual acuerdo diplomático, en un momento en que, según publicaciones como The Wall Street Journal, Estados Unidos estaría dispuesto a poner fin a la ofensiva incluso si el paso continuara bloqueado. La Casa Blanca busca contener la extensión del conflicto más allá de un cronograma previsto de cuatro a seis semanas.
