Una de las escenas más impactantes de la actual edición de Gran Hermano Generación Dorada tuvo como protagonista a Mavinga, quien decidió compartir frente a sus compañeros la historia más dura de su vida. En un relato crudo, sin filtros y cargado de emoción, la participante explicó por qué asegura que nada podrá detenerla.
“El centro de África es muy lejos de acá… vengo de una familia muy quilombo”, comenzó diciendo, recordando su infancia en el Congo. “Mi mamá murió cuando tenía 4 años. Crecí de casa en casa, de tía en tía”, relató, dejando en claro que desde muy chica conoció la soledad.
Pero lo más estremecedor llegó después: “A los 7 años fui secuestrada por mi tía materna. Me maltrató como si fuera una hija de puta”. El silencio en la casa fue total. Según contó, logró escapar años más tarde: “A los 12 años me escapé”.
Entre lágrimas, Mavinga confesó una de las heridas más profundas que arrastra hasta hoy: “Soy una persona que no sabe lo que es un amor familiar, un amor de padre, de madre. Es algo que me gustaría tener y en esta vida nunca lo voy a tener. Lo acepté. Es muy doloroso, pero lo acepté”.
Sin embargo, aseguró que esa ausencia se transformó en motor. “A mis hijas les doy lo que yo quise tener en mi vida. Me considero buena madre sin tener la experiencia y hago todo por mis hijas. Vivo por mis hijas”, expresó, mientras varios de sus compañeros ya no podían contener las lágrimas.
Mavinga llegó a la Argentina a los 17 años y explicó que desde adolescente decidió cambiar su destino. “A los 15 años dije: ya me cansé de esa vida. Me fui a trabajar de moza, me fui a la calle. El primer día me cagaron a palos. Al segundo día volví a buscar trabajo de nuevo”, recordó.
En ese contexto consiguió empleo en un restaurante francés. “Me dieron trabajo porque yo era muy flaquita, con melones… a los franceses les gustan flaquitas con tetas”, contó sin vueltas. Allí conoció al padre de sus hijas: “A los 15 años conocí a mi primer marido. A los 17 me vine con él. Estuve 13 años casada, después me separé”.
Lejos de victimizarse, dejó en claro su determinación: “Toda mi vida luché para cambiar mi historia, mostrar todo lo que quisieron poner fin. Solo Dios puede ponerme fin. Hasta que tenga las dos manos, los dos pies y los dos ojos, voy a seguir luchando por ser quien quiero ser”.
Finalmente, reveló el verdadero motivo por el que decidió entrar a Gran Hermano: “Mi sueño es tener mi propia casa. Hace tres años compré un terreno, construí y terminé hace tres meses. Pero hice la primera parte porque no me alcanzó para hacer las piezas. El living ahora es habitación provisoria”.
Y cerró con una frase que despertó aplausos: “Me voy a meter a Gran Hermano para tener mi habitación con mi placard, mirar mis carteras y zapatos, y que mis hijas tengan su habitación. Así que disculpen, pero voy a ganar”.
La casa estalló en aplausos. Entre abrazos y lágrimas, Mavinga dejó en claro que su paso por el reality no es solo un juego: es una revancha de vida.
